Imagen ilustrativa.

Por Federico José Fernández Obando.

Corría el año 1995. En una noche estrellada, junto con mis amigos de colegio en el BBQ del Condominio La Guaria en Moravia y, al ritmo grunge de los Smashing Pumpkins, hacía uso por primera vez de mi flamante tarjeta de crédito “Credomatic Juvenil”.

Los milagrosos resultados ofrecidos por Reebok y Skechers en sus anuncios sobre tenis que, supuestamente, disminuyen la celulitis y tonifican diferentes partes del cuerpo, les costaron millones de dólares a esas empresas.

Tras investigaciones de la Comisión Federal de Comercio en Estados Unidos, ambas llegaron a acuerdos de pagar $25 millones y $40 millones respectivamente, debido a que sus anuncios hicieron afirmaciones carentes de evidencia científica.

Una mala costumbre de muchos negocios en el país es esperar que los clientes les tomen la palabra sin ningún tipo de confirmación escrita y detallada.

Muchos clientes simplemente lo aceptan y a aquellos que piden las promesas por escrito se les mira con desconfianza (“¿quién sabe para qué querrá ese documento?), cuando los únicos que merecen desconfianza son quienes se niegan a poner por escrito lo que ofrecen verbalmente a un cliente.

La diferencia entre papel o no papel, por supuesto, tiene precio. El caso de este cliente de Claro es un buen recordatorio.

El caso que cuenta aquí Ervert Knohr es un lamentable recordatorio de que no todo el que trabaja en una veterinaria tiene el entrenamiento y/o la vocación para trabajar con animales, ni siquiera para algo sencillo como bañarlos.

Precisamente por ello la cadena PetSmart, en Estados Unidos, tiene amplias ventanas que permiten a los dueños y a cualquier persona observar mientras los empleados bañan o cortan pelo y uñas.

Si en su veterinaria no le permiten observar, quizá es hora de buscar otro sitio más transparente.

Los bancos del país ofrecen la opción de consolidar todas las deudas en una sola y obtener refinanciamiento. Imagen ilustrativa.

Ser asediado por acreedores, o tener un negocio que no da para pagar las deudas es acongojante e incluso puede generar serias depresiones.

Hace algunos meses a QuienPagaManda.com llegó el caso de una lectora que cayó en depresión ante la imposibilidad de pagar sus deudas. Para empeorar las cosas, dos negocios la acosaban a ella y a sus familiares exigiendo el pago del dinero.