Imagen ilustrativa.

Restaurante alega estar “apenado” por situación.

Por Pablo Castro Montero.

El domingo mi novia, un amigo y yo fuimos al restaurante Tacontento, en Heredia, a redimir tres cupones de Yuplón.

Todo marchaba bien, la comida estuvo muy buena y decidimos que queríamos ordenar unos postres.

Antes de ordenar, habíamos sacado un total de cuánto iba a costar nuestra cena y nuestras cuentas calzaban casi bien.

Por Alberto A. Borges Fallas.

El supermercado Cristal, en Curridabat, tiene una ventanilla (en el food court) donde venden fundamentalmente “casados”, desde alrededor de mediodía hasta pasada la una de la tarde.

Hace más de un año, me quejé ante la Defensoría del Consumidor de que los precios no se exhibían y de que, una vez que uno había hecho fila y le habían “alistado” la comida, la cajera cobraba como una lotería.

La Defensoría atendió mi solicitud y ellos pusieron un listado en letra ilegible y la situación persiste.

Un día pedí un “casado” que traía arroz, puré, pescado (tiburón), ensalada y fresco, que en cualquier parte vale menos de ¢2.500, y me cobraron ¢3.125.