Foto: Nicholas Sales. Imagen ilustrativa.

Por Tatiana Granados.

Hace una semana pensaba que la Fundación Salud Sin Fronteras era una clínica seria y que se esmeraba por dar el mejor servicio a sus pacientes.

Visité al dentista en horas de la tarde, mi cita me la programaron a las 5:30 p.m. con una doctora, la cual llegó como diez minutos tarde de la hora que acordamos.

Por Iván Céspedes.

El día 12 de diciembre hice el pago de dos marchamos en la sucursal electrónica del BAC.

La transacción se desarrolló con total normalidad y se me indicó que en un plazo no mayor a cinco días hábiles me iban a entregar los marchamos en la dirección indicada.

A hoy 22 de diciembre, sigo sin recibir los marchamos.

El martes 20 puse mi queja formal en el chat del BAC y me asignaron un número de queja que, al día de hoy, sigue sin resolverse.

 

Imagen ilustrativa.

Por Mailyn Ramírez.

Hace unos días fui con mis amigas al restaurante La Casa de Doña Lela, en Curridabat y, mientras una de ellas se comía un ceviche, un elemento duro y escamoso se le atoró en su garganta.

De inmediato, fue al baño para tratar de hacer algo y topó con la sorpresa de que el lavatorio no tenía agua.

De igual manera, terminó entrando al baño de hombres y nada resultó, por lo que tuvo que irse de emergencia al Hospital Clínica Bíblica.

Una lectora nos relata su experiencia con un dentista y nos hace una consulta:

Según cuenta, su ortodoncista le indicó que debía hacerse unas extracciones donde un dentista general y a la vez un posible tratamiento de nervio en una muela, con un endodoncista (especialista en tratamientos al interior de los dientes).

Para efectos de las extracciones fue donde el dentista, quien empezó a tratar la muela que requería el tratamiento de nervio, aunque la paciente no fue a que le realizaran tal procedimiento.

De acuerdo con la lectora, el dentista procedió a poner anestesia y, a pesar de su indicación de que no sentía dormida la muela afectada, él “empezó a insertar literalmente en el nervio, los aparatitos”.

“Yo brincaba y mi cuerpo temblaba señalándole a su asistente que me dolía y él respondía que no podía ser así, que yo estaba anestesiada y que tenía que tranquilizarme… Cuando sentía que introducía cosas en el nervio, estallé en un llanto desesperante y, después de aproximadamente 15 a 20 minutos de angustias, le dije que no podía permitir que continuara haciéndome eso”.

Por Laura Fernández.

El pasado 16 de octubre pasé por el AutoMac (del restaurante McDonald’s, en Heredia) en la madrugada -alrededor de las 3:00 a.m.- y ordené una caja grande y una promoción de pasteles.

Al llegar a la ventanilla del cobro no hubo problema, pero a la hora de retirar mi orden hubo dos:

1. No había pasteles. Ofrecen un producto que no tienen disponible. Pedí un cono y me dijeron que no había helados, que no había nada de postres y me dieron la opción de una hamburguesa o dos refrescos pequeños.

2. Pedí refrescos: una Coca-Cola regular y una Coca-Cola Zero. Mi indignación fue ver cómo el joven tomó el vaso y sirvió la Coca Zero: echó medio vaso de Coca-Cola regular, más medio vaso de Coca-Cola light.

Por Saruhen Vindas Leitón

Como es costumbre, desde hace más de 8 años, todos los días al salir de su trabajo mi madre pasa a comprar el pan de la tarde en la Musmanni del centro de Guadalupe.
Hace varios días, cuando ingresó a dicha panadería, le hizo la consulta al panadero sobre cuánto tiempo faltaba para que saliera el pan fresco y caliente.
El panadero respondió muy amablemente que en cinco minutos y mi mamá se sentó a esperar.
Para su sorpresa, en un tono nada amable, la cajera le preguntó: “¿Y usted que está esperando?”.
Y ella le respondió: “el pan fresco”. La cajera se enojó y le gritó al panadero que él no era nadie para decirle a la gente cuánto tiempo le falta al pan fresco.
Cuando mi madre le pidió el producto, la mujer le contestó: “Ahora se tiene que esperar, ¿o no ve que estoy ocupada?”.
La mujer la hizo esperar más de 20 minutos de pie y le entregó el pan hasta que le dio la gana y en una bolsa donde la mitad del producto quedaba por fuera.