Imagen ilustrativa.

Eludir la responsabilidad o decir que se va a solucionar el asunto, pero luego cruzarse de brazos. Esta ha sido la actitud de algunos negocios cuando el carro de un consumidor o parte de sus pertenencias han sido sustraídas del parqueo de un centro comercial o de un supermercado.

Luis Urrea contó que el 3 enero de este año le robaron el carro en el parqueo de Palí, en Paseo Colón.

A finales de noviembre del año pasado, Elizondo todavía recibió llamadas de Citi, a pesar de que el caso ya estaba en los tribunales.

Acoso. Esa corta palabra describe la experiencia vivida por el informático Juan Sebastián Elizondo Morales, a quien el Banco Citi lo llamaba para venderle tarjetas de crédito.

“Don Juan, así brevemente lo llamaba para ofrecerle el producto para lo que es Citi MultiPremios. ¿No sé si en algún momento usted ha escuchado mencionar el producto?”, le dice una empleada del banco a Elizondo en una de las llamadas grabadas por él.

Una lectora nos relata su experiencia con un dentista y nos hace una consulta:

Según cuenta, su ortodoncista le indicó que debía hacerse unas extracciones donde un dentista general y a la vez un posible tratamiento de nervio en una muela, con un endodoncista (especialista en tratamientos al interior de los dientes).

Para efectos de las extracciones fue donde el dentista, quien empezó a tratar la muela que requería el tratamiento de nervio, aunque la paciente no fue a que le realizaran tal procedimiento.

De acuerdo con la lectora, el dentista procedió a poner anestesia y, a pesar de su indicación de que no sentía dormida la muela afectada, él “empezó a insertar literalmente en el nervio, los aparatitos”.

“Yo brincaba y mi cuerpo temblaba señalándole a su asistente que me dolía y él respondía que no podía ser así, que yo estaba anestesiada y que tenía que tranquilizarme… Cuando sentía que introducía cosas en el nervio, estallé en un llanto desesperante y, después de aproximadamente 15 a 20 minutos de angustias, le dije que no podía permitir que continuara haciéndome eso”.

Varios casos de gasolineras que otorgaron menos combustible del pedido por sus clientes han llegado a QuienPagaManda.com.

Uno de ellos es el de Yohanna Delgado Vargas, quien dijo que el sábado pasado fue a la gasolinera PSJ, que se encuentra en la esquina del cruce del Walmart de Guadalupe, y solicitó ¢5.000 de diésel.

“Cuando llegué a Coronado ya tenía la aguja en la E (empty, o vacío en español). Esto no me había pasado antes, así que nunca más vuelvo a esta gasolinera. Cuidado, ya se han visto estos casos en otras gasolineras”, advirtió Delgado.

Ese mismo sábado, a las 6:00 p.m., Andrés Montero fue a la gasolinera que está en La Cosecha, en Sabanilla de Montes de Oca.

“Al llenar el tanque de mi carro, que se llena con  ¢25.000 colones, la aguja no subió completamente”, aseveró.

Montero pensó que podría ser que la aguja estaba mala o que se estaba demorando, pero no fue así.

Por Alfonso J. Rojas Álvarez

Compramos cuatro entradas para el partido Saprissa-Alajuela en el palco oeste, mediante el sitio web de Special Ticket.

Las entradas estaban indicadas como parte de la primera fila del palco, es decir, las más cercanas a la cancha.

Para nuestra sorpresa, nos encontramos con que el croquis en el sitio web estaba invertido y  nos tocó la última fila en la cual, por la existencia de un techo blanco, para cualquier persona de mediana estatura es imposible presenciar el partido.

No existe en el sitio web ni en ningún lugar accesible a mi persona, en el proceso de compra del boleto, indicación alguna de visibilidad limitada (o nula) de las entradas que estoy comprando.

Llegué al estadio a las 7:00 p.m y, al percatarme de esta situación, salí del palco y estuve 40 minutos buscando a alguien de la administración de Saprissa que me ayudara. Uno de los muchachos del staff, muy amable, me colaboró en todo lo posible, pero nunca se encontró a nadie que pudiera darme asistencia.