Por Maureen Chaves,

El caso es el siguiente. El día 15 de agosto del 2010, fuimos a Importadora Monge de Multiplaza del Este a comprar una batidora. La observamos e indicaba un precio de c36.000. Se le pregunta al vendedor, verifica el precio del producto e indica que es el correcto, se procede a realizar la compra, se cancela en la caja y se factura. Cuando se procede a retirar a la salida de la tienda, el señor dice que hay una equivocación en el precio,

Hace ya buen rato que no escuchaba algo tan increíblemente cínico y tenía que venir de un banquero.

A raíz del nuevo reglamento de tarjetas de crédito, leí por ahí a un banquero quejándose de que ya no se les permite incurrir en el acoso de terceros para cobrarle a los deudores morosos.

Según la lógica del señor, uno de los problemas del reglamento es que “un moroso suele esconderse, y, si no se le puede localizar por medio de terceros, no se le puede cobrar.”

Es decir, según la visión de mundo del estimable banquero, los terceros, entiéndase familiares, amigos, socios, jefes, etc. de un deudor moroso, no son ciudadanos o seres humanos libres, sino fichas que deben estar siempre disponibles al llamado de los banqueros para ir a hacerles el trabajo y, encima de todo, de gratis.

Este es uno de los peores abusos y actos de acoso que comete Credomatic.

Tuve exactamente la misma situación hace algún tiempo y, al igual que en este caso del Sr. César González, solo logré que se terminaran las llamadas equivocadas cuando llamé al gerente y me identifiqué como periodista. Lamentablemente, da mucho qué pensar cuando una empresa aplica unos estándares frente a la prensa y otros frente al ciudadano, sistemáticamente.

Este es el caso de César González:

“Credomatic no nos deja en paz, a pesar de que no somos clientes de ellos. No solamente nos acosan llamándonos al celular con sus ofertas de tarjetas, sino que ahora llaman insistentemente a la casa para ‘tratar de localizar’ a un cuñado que casi nunca vemos.