Clínica Católica necesita refinar personal de atención al cliente

Foto: http://www.sxc.hu. Imagen ilustrativa.

Este texto fue enviado al negocio por Ángela Ávalos, periodista de La Nación, y a la semana pasada no había recibido respuesta.

Por Ángela Ávalos.

Soy cliente de los servicios del Hospital Hotel La Católica.

El domingo 25 de junio llevé a mi mamá Anáis Rodríguez Rodríguez al servicio de emergencias de ese centro médico, donde fue atendida por la ortopedista de guardia, la Dra. Villegas.

Muy amablemente, la especialista leyó la radiografía, confirmó una quebradura en la cabeza del radio del brazo derecho y procedió a enyesarla (por cierto, yo la ayudé sosteniendo el brazo de mi mamá). Por toda la atención recibida ese día, yo pagué más de ¢220.000.

Una semana después de haber sido enyesada, a mi mamá le salió una pequeña úlcera en el dedo pulgar producto del roce del yeso.

Doña Anáis es una persona diabética. Por supuesto, llamé al servicio de emergencias del hospital para ver si podían atender a mami sin costo alguno, tomando en cuenta varias cosas:

1. Que somos clientes del servicio (pueden rastrear atenciones a mi nombre; incluso, una cirugía ambulatoria, y a nombre de mis papás: Anáis Rodríguez y Franklin Ávalos, y de mi hermano, Gerardo Ávalos).

2. Que la úlcera es resultado de una atención brindada por el hospital. El yeso no quedó bien en la mano y le generó esa úlcera.

3. Que por el servicio del 25 de junio se pagaron más de ¢200.000 (no es una cantidad despreciable).

4. Que mi mamá es diabética en tratamiento.

Contrario a lo que me imaginaba y a la atención que siempre hemos recibido cuando pagamos, la persona que me atendió por teléfono lo hizo de manera muy fría y poco cordial.

Me informó que si decidía llevarla a emergencias debía pagar la atención del médico de emergencias y si quería que la viera el ortopedista, debería pagar los honorarios de ¢100.000.

Cuando pregunté por la Dra. Villegas, me dijo que la especialista llega al hospital hasta el martes y que si quería que ella la viera debía esperar hasta ese día o, de lo contrario, pagar la consulta con otro ortopedista disponible.

A mi juicio, la úlcera que tiene mi mamá en el dedo es producto del yeso que le pusieron en el hospital de manera inadecuada en esa área.

La intención de presentar formalmente esta queja, es porque considero que la atención recibida es parte de una pésima política de servicio al cliente.

Si bien no invertimos millones en el hospital, siempre lo hemos considerado nuestra opción en la atención privada en salud cuando no podemos acudir a la CCSS por distintas razones.

Pertenezco a una clase media que hace un esfuerzo económico importante –como en el caso de marras–.

Qué distinto hubiera sido recibir una atención cordial, empezando por la recepcionista telefónica. Que nos permitieran ir, que le observaran el dedo a mi mamá, la hubieran curado y le ajustaran la férula.

¡Qué bien hubiera hablado esto de su hospital y de la atención al cliente, especialmente de una adulta mayor!

Como podrán suponer, este evento ha hecho que mi familia tome la decisión de no volver a acudir a los servicios del hospital.

Sin embargo, espero que, al menos, en esta batalla por clientes tomen en cuenta esta queja.