Con Claro, papelitos hablan…

Una mala costumbre de muchos negocios en el país es esperar que los clientes les tomen la palabra sin ningún tipo de confirmación escrita y detallada.

Muchos clientes simplemente lo aceptan y a aquellos que piden las promesas por escrito se les mira con desconfianza (“¿quién sabe para qué querrá ese documento?), cuando los únicos que merecen desconfianza son quienes se niegan a poner por escrito lo que ofrecen verbalmente a un cliente.

La diferencia entre papel o no papel, por supuesto, tiene precio. El caso de este cliente de Claro es un buen recordatorio.

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Por Fernando Chacón.

El 13 de noviembre del año pasado adquirí una línea postpago de Claro, que incluía Internet.

Me aseguraron -con un mapa- de que en mi zona de residencia había señal de datos.

Nunca la hubo, por lo cual procedí a hacer el reclamo, pero nunca me permitieron entregar la línea.

Luego de promesas que nunca cumplieron -de que enviarían a un técnico a verificar la señal de la zona- me cansé y puse la denuncia ante la Superintendencia de Telecomunicaciones (Sutel).

Puesta la denuncia, me llamaron de Claro disculpándose, con la excusa de que la Dirección General de Aviación Civil no les permitía poner torres en la zona (o sea, sí sabían que no había señal) y ofreciéndome la aceptación de la línea y el teléfono de vuelta y con la oferta de que no debía pagar nada de lo pendiente, que ascendía a ¢70.627.

Por supuesto que acepté, entregué la línea y terminamos el contrato con un papel de finalización que me ofrecieron en la agencia.

Días después, Claro, incumpliendo la promesa que me hicieron y luego de yo notificar a la Sutel del arreglo, me descargaron todo el monto de la tarjeta de crédito (los ¢70.627).

Hice el reclamo y la respuesta fue que me devolverían solo ¢18.750 porque el resto fue por concepto de consumo y otros cargos. Acepto que fue de consumo y cargos, pero eso no fue lo que me ofrecieron para cerrar el caso en la Sutel.

Volví a reabrir el caso en la Sutel y, hasta la fecha, no he obtenido respuesta de dicha Superintendencia.

Respecto de la devolución de los ¢18.750, sigo esperando, tres meses después, para que me lo devuelvan.

La respuesta que me dan es: “Debe esperar para que pase por el cheque a una sucursal”.

¿Y qué hay de los intereses y las molestias que me han ocasionado? ¿Y qué hay del tiempo que he perdido?