Bar Marinos incumple ley antitabaco, denuncia clienta

Por Andrea Sánchez.

Imagen ilustrativa.

“¡Que rico llegar a la casa sin tener que oler a cigarro!”. Este fue un comentario común después de que el 22 de marzo de este año doña Laura Chichilla,  junto con un cuarteto de sus ministros, firmara la Ley General de Control del Tabaco y sus efectos nocivos en la salud y, que el 26 de ese mismo mes fue publicada en la Gaceta.

¡Alegrón de burro, señoras y señores!  Eso me tocó confirmarlo hoy.

Con la excusa de dar la bienvenida de  Europa a un buen amigo, nos reunimos otras ocho personas y yo en el Bar Marinos, ubicado aproximadamente  800 metros al noreste de la Universidad Latina, en Vargas Araya, cantón de Montes de Oca, como lo indica su perfil de Facebook.

La noche transcurrió normal, hasta que en la mesa de la par unas personas decidieron fumar dentro del local.

A pesar de tener fumadores en nuestra propia mesa, quienes habían salido a fumar a la acera para respetar la reciente ley, decidimos notificar a uno de los encargados de la situación (llamado Erick), para que tomara cartas en el asunto.

El caballero respondió: “Acaban de pasar dos motos sospechosas, no podemos exponerlos a fumar afuera”.

¡Claro!  Yo también entiendo el tema de inseguridad en el país, pero si se aprobó con fanfarria una nueva ley de la República que prohíbe, en su artículo 5, inciso f, el 100% del fumado en bares, la respuesta que debió dársele a las personas de la mesa fue: “Disculpen, pero tienen que apagar el cigarro o salir a fumar afuera porque aquí acatamos la ley”. ¡Error!

El encargado le s dijo a las personas de la mesa de la par que en el bar había personas que estaban molestas por el humo del cigarro y que reclamaban que se cumpliera la legislación existente.

La brillante y contradictoria respuesta de la señora de la mesa  fue: “Esa ley no tiene reglamento y si quieren yo les pago la multa”.  En el caso de la señora la multa sería de un 10% de un salario base y en el caso del Bar Marinos es de un 50% del salario base, más el riesgo de ser clausurados por la Municipalidad de Montes de Oca.

Al verme evidentemente ignorada por la persona a cargo del local, le indiqué a la señora, personalmente, que dejara de fumar pues estaba violentando la ley y mi derecho de hacerla valer (a falta de firmeza de parte de la administración de Marinos).

Lo que gané con la confrontación fueron insultos como “estúpida”, “ignorante” y “ridícula”, que fueron secundados por el resto de la mesa de fumadores y tolerados gustosamente por el encargado.

Pagamos la cuenta y salimos del local y a la distancia fuimos insultados por las mismas personas.

Fue ahí cuando decidí llamar a la Fuerza Pública. Sí, esos que están para protegernos.

A las 12:48 a.m. llamé a la Delegación de Montes de Oca y me contestó un oficial de apellido Méndez.

Le expliqué  la situación y me indicó que “ellos no pueden hacer nada en un sitio privado” como, según él, era el bar .

Me dijo que tengo que presentar la denuncia ante la Municipalidad, “y si ahí no le resuelven” ir al Ministerio de Salud.

Cuando trato de buscar respuestas a mi frustración señalándole que existe una ley y que ellos son los últimos que me pueden ayudar a hacerla cumplir, escucho un “tu tu tu tu” al otro lado del teléfono. Sí, el oficial me colgó.

No crean ustedes que descargué la cólera de haber sido insultada de gratis por exigir mis derechos con el gendarme, no, mi tono siempre fue firme y respetuoso.

¿Las delegaciones policiales graban las llamadas? Deberían.

Llamé de nuevo para solicitar un supervisor (¡ingenua de mí!) y me contestó el oficial Cristian quien, con mejor tono, me explicó lo mismo: “No podemos hacer nada, señorita”. Sin embargo, ofreció hacer una visita al local y “motivarlos” a cumplir la ley.

No, no era suficiente, pero – al menos- era un paso más allá de enviarme  a hacer fila a la Municipalidad, antes de cumplir con su deber.

Hace un par de semanas precisamente debatía por Twitter con “El Chamuko” que, una vez con la ley en mano, los ciudadanos no necesitábamos nada más que nuestro vehemente reclamo para hacerla cumplir. ¡Error!

Ni siquiera la Fuerza Pública pudo (o no quiso) hacer nada.

También recuerdo que  María Luisa Ávila, exministra de Salud, tomó el estandarte de esta ley y luchó por ella hasta sus últimos días en la cartera de Salud.

¿Para qué? ¿Para que una tinterilla de poca monta le saque pecho al dueño del bar y le diga envalentonada: “yo pago la multa”? (A sabiendas que la Fuerza Pública, aunque llegue a tiempo, no tendrá autoridad para cobrársela y todos los demás tengamos que bajar la cabeza e irnos).

Estoy escribiendo por más de dos terceras partes de la población que no somos fumadores y también por los que entendemos el daño comprobado que hace el cigarro y podemos seguir reglas de convivencia para minimizar el daño e incomodidad a los no fumadores.

También escribo por los empresarios y comerciantes responsables quienes, igualmente, pagan sus impuestos,  así como hacen cumplir la ley.

Si esto (Costa Rica) se convierte en tierra de nadie, donde quien manda es quien insulta más fuerte e impone su propia ley, ¿con qué cara criticamos a la Asamblea Legislativa (no soy su fan)? Al menos, la Asamblea nos dio una herramienta, pero nadie, a menos que use la fuerza, parece poder hacerla cumplir.

Sé que suena muy cliché, pero, ¿ahora quien podrá ayudarnos?