United Motors da cátedra sobre cómo no se debe tratar a un cliente

Por Daniel Guajardo.

Imagen con propósitos ilustrativos.

En oportunidad de la Expo Móvil 2012, me interesé en una motocicleta United Motors 650, cuyo precio de lista ronda los ¢3,8 millones.

Establecimos las reglas de la financiación a partir de la prima que me exigían, de casi ¢600.000.

Estuve de acuerdo con las condiciones y aclaré expresamente que, por ser extranjero y profesional por contrato, no tenía colilla de caja.

La empresa recibió el pago de la prima y gestionó los trámites para entregarme la motocicleta en una semana.

Cuando fui a retirarla, me indicaron que precisaban de un fiador.

En desacuerdo por los cambios en las condiciones de la negociación, que ya se habían complicado, decidí no comprar la moto.

Pedí el retorno de la prima, lo cual no solo no hicieron en la sucursal de San Pedro, sitio donde hice toda la gestión, sino que me dijeron que llamara a un teléfono en La Uruca, desentendiéndose por completo del problema.

Llamé allí, me atendió una asistente y me dijo que el gerente que firma los cheques no estaba y que debía esperar varios días.

Cuando le expresé mi desacuerdo, dijo que las cosas son así y que no tenía más remedio que esperar.

En síntesis, en United Motors cambian los acuerdos ya establecidos en medio de una negociación, exigen el pago “inmediato” de la prima y, cuando la tienen que devolver, se toman el tiempo que quieren porque “el gerente está de viaje”.

Mientras tanto, yo tuve que esperar 19 días para recuperar mi dinero.

Pésima atención, nula capacidad de gestión, mentiras.

Definitivamente, United Motors no es una marca recomendable, gracias a la empresa que la representa.