Si quiere ir al Teatro Torres no se le ocurra ir solo, porque puede que no le vendan una entrada

Por Bernal Rojas

Imagen con fines ilustrativos

El pasado sábado 3 de marzo planeamos ir en familia al Teatro Torres a ver la obra que presentaban.

Desde el día anterior hice las reservaciones correspondientes y planeamos la salida.

Llegamos al área con buen tiempo, pues las reservaciones expiraban a las 7:30 p.m. Para sorpresa nuestra, hubo un inconveniente: las calles estaban despedazadas y no había un solo aviso de desvío.

Logramos llegar a la ventanilla a las 7:32 y perdimos, como muchos otros, nuestras reservaciones. Bueno, bendita sea la puntualidad, que no fue recíproca para empezar la obra.

Éramos tres personas. Al llegar a pagar, la cajera me dijo que tenía que comprar cuatro lugares porque el software de asignación le permite asignar dos campos, pero no uno solo. Me dijo la señora que comprara las cuatro entradas y que viera cómo vendía la otra.

La increpé diciéndole que cómo iba a hacerlo si el sistema no asigna lugares impares.

¿Y si estoy solo en casa y decido venir al teatro cómo hago?, le pregunté. ¿Y saben qué me respondió?: Nadie viene solo al teatro.

Finalmente, y muy molesto, prometiendo quejarme en los medios, compré las cuatro entradas y advertimos que nadie se sentaría en el campo que estaba solo.

Unos minutos antes de empezar la obra, vino la muchacha acomodadora a decirme: ¿Saben qué? Una señora vino sola y quiere comprar el lugar.

Comprendiendo la situación de la señora accedí a venderla, pero ofrecí publicar la queja por si se les ocurre ir por el Teatro Torres.