Cliente del BAC sufrió sustracción electrónica de su salario, reclamó y el banco se “lavó las manos”

Por Federico Zamora Meléndez.

Imagen ilustrativa.

El viernes pasado fui víctima de una sustracción electrónica.

Alguien sustrajo los datos de una tarjeta de débito internacional que tengo con el BAC San José, la cual reconozco que he usado para hacer algunas compras en Amazon y otros sitios similares, que son supuestamente seguros.

En cuestión de minutos, un hacker se gastó mi salario completo recién depositado, en tres tiendas online domiciliadas en Inglaterra.

El viernes por la tarde me di cuenta de que el saldo de mi cuenta bancaria estaba casi en cero y salí corriendo al banco a que me bloquearan la tarjeta y a poner la denuncia respectiva por lo sucedido.

En la sucursal del BAC de Cartago me hicieron llenar la hoja de reclamo y, sin más, la pasaron a trámite con su número de gestión respectivo.

Para mi total sorpresa, me dijeron que la investigación se llevaría entre 15 y 45 días, ya que el banco debía localizar los vouchers de las compras, para verificar la firma contra la mía.

¿Cómo podía yo haber firmado un voucher en Inglaterra al mismo tiempo que compraba una hamburguesa en el Mall San Pedro con la tarjeta real?

¡Además, en las transacciones sospechosas de fraude aparecen todos los URL de las tiendas online donde se realizaron las compras!  Esta gente de verdad que a veces lo deja a uno perplejo.

Anteriormente, cuando hice alguna compra online por un monto superior a los $200, de inmediato el banco me llamó para verificar si era yo el que estaba realizándola, pero el viernes no me llamó nadie.

Nadie se enteró de lo que estaba pasando y, hasta en el banco, se mostraron sorprendidos de que dos de los movimientos pasaran desapercibidos, pues eran montos importantes.

El lunes, para mi total desconcierto, llamé al banco a ver cómo iba mi gestión y el agente que me atendió me dijo que había sido denegada por el comité que analiza estos casos.

Me explicó que esto era así porque los montos todavía no habían aparecido como pagados a los diferentes comercios en mi estado de cuenta y que, por el hecho de estar aún flotantes, el reclamo no procedía y que, además, no entendía cómo en la sucursal de Cartago me lo habían aceptado siquiera.

Es decir, no solamente el ladrón me vació la cuenta, sino que el banco está literalmente tirándome la puerta en la cara.

No se trata de una cuenta de crédito, de la que yo podría abusar irresponsablemente. No. Se trata de mi cuenta bancaria, de mi dinero, por el que trabajé honestamente, el que ya me gané y me lo depositaron ahí.  Es con lo que cuento para sobrevivir, mantener a mi familia, pagar mi casa y mis servicios.  Es mi único ingreso.

Al parecer, al banco solamente le interesa cobrar, cobrar, cobrar, para eso sí son súper eficientes y gastan dinerales impensables en pagarle a empleados para que estén llamando constantemente a los tarjeta habientes, hasta rayar en la locura. Esa fue una de las razones, precisamente, por las que cerré mi tarjeta de crédito con Credomatic.

Pero, cuando se trata de proteger al cliente de situaciones como esta, ¡salado!  ¡Qué se chupe el dedo hasta que al banco le dé la regalada gana! Y si no se pone vivo, mejor aún, el asunto no se resuelve nunca y el banco se libra de tener que restituir el dinero sustraído.

Esto es deprimente y, más que el colerón por haber sido víctima de una sustracción, la frescura del banco para dejar al cliente tirado resulta ofensiva.

No se trata de incompetencia. Es la falta de regulaciones estatales.  Es la falta de meter a estos bancos en cintura, para proteger a la gente de los fraudes con las tarjetas y de tantas otras formas de explotación financiera que aplican rutinariamente estas empresas bancarias.

Me rehúso a seguir alcahueteando estos abusos y voy a denunciar este caso en todas partes, hasta volverlos locos a ellos, si puedo.

Dado lo sucedido, no tengo ya ningún interés en mantener mi relación con este banco.