Los “guachimanes” dan su versión

Carlos Montero cuida carros cerca de la línea del tren, en San Pedro de Montes de Oca, por la Calle de la Amargura. Según él, gana alrededor de ¢7.000 por día.

Por Joanna Nelson.

“¿Cómo le fue? ¿Almorzó bien?”, le pregunta Bismarck Flores Miranda a una funcionaria de la Universidad de Costa Rica que se estaba montando en su carro.

En medio de un sol potente, Flores recibió el dinero y se dirigió hacia una nueva “clienta”, que acababa de arribar a la escena.

“Yo ya tengo mi clientela, principalmente son tres tipos: Los que vienen a almorzar, a cortarse el pelo y a sacar copias. ¿Vio? Ella me acaba de dar ¢1.000”.

Desde hace 12 años, Flores, de 33 años, se dedica a cuidar los carros que se estacionan a unos cuantos metros del restaurante Il Pomodoro, en San Pedro de Montes de Oca.

Según cuenta, como la persona que cuidaba esa zona dejó el punto, él lo aprovechó.

“A las 8:00 a.m. estoy aquí haya o no carros y estoy hasta las 5:00 p.m. Me gusta, me siento bien, yo lo veo como un trabajo, trabajo para mí mismo”, expresó Flores, quien cada día obtiene alrededor de ¢8.000.

“Hay gente que viene a veces a cuidar y, si la gente los ve fumando piedra, se van, se asustan. Crean una mala imagen”.

-¿Usted fuma piedra?, le pregunto.

-“No, yo no”, asegura.

Cada minuto, Flores cortaba la conversación y corría desesperado a atender a una nueva persona. No por ello olvidaba los buenos modales. “Ya vengo”, decía.

Para él los borrachos son los peores clientes.

“Son un dolor, siempre se quejan de que es muy caro, hay unos que ni pagan”, se quejó.

Cerca de la Librería Universitaria, se divisa la imagen de un hombre moreno llamado Ovidio Mejías, quien portaba un chaleco anaranjado.

Dice que lleva 20 años de trabajar en esto y alega que cuenta con el permiso del gobierno local de la zona.

“Empecé a trabajar en esto convenientemente. Yo era operario de construcción y el trabajo se puso escaso. Entonces, vine a este punto. Aquí hacemos turnos. A mí me toca estar entre las 11:00 a.m. y las 9:00 p.m”.

Consultado sobre qué opina de las críticas que algunas personas les hacen a los “cuida carros”, dijo: “Es ilógico que haya cuida carros que cobren una tarifa fija, no podemos, estamos en una vía pública”.

Mejías, de 47 años, dice ganar ¢10.000 al día.

“Para mí esa es una ganancia media”.

A unas cuantas cuadras de Mejías se encuentra Carlos Montero, de 52 años, quien se hallaba sentado cerca de los carriles ferroviarios con las manos llenas de boletas y una gorra blanca que cubría su cabeza.

Parece ser el más accesible y amable de los tres.

Desde hace 15 años resguarda los carros que se hallan cerca de la línea del tren, por la llamada Calle de la Amargura.

Dice que su trabajo lo complementa con otras ocupaciones, pues también maneja taxi y barniza pisos.

¿Por qué decidió dedicarse a esto?

“Antes estaba un cuñado y él se fue de aquí. Entonces vine yo. No es que me guste este trabajo, pero sí deja ganancias para mantener a mi familia”.

Montero dice ganar alrededor de ¢7.000 por día.

El guachimán explicó cómo opera: Él le compra las boletas de estacionamiento a la Municipalidad de Montes de Oca y se las vende al mismo precio a los que se estacionan. Él negocia previamente con la persona cuánto le va a cobrar por “la cuidada”.

“Nunca he tenido ningún problema en el tiempo que he estado aquí. Si no me dan nada, les doy una palmadita en la espalda y les digo ‘que Dios los bendiga’”, comentó.

Al preguntarle si le podía tomar una foto para ilustrar esta nota, dijo: “Ah, no, ahí si le quedo mal. Es que no me gusta eso”, dijo apenado.

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