Clienta de Hooters asegura haber recibido trato discriminatorio y mal servicio

Por Sophia Salazar.

Imagen ilustrativa.

Esta historia lleva dos partes de desagrado con el restaurante Hooters, en Escazú.

Llegamos el jueves pasado (19 de enero) un grupo de 16 personas a comer alitas.

Dentro del grupo iban dos ingleses (apuestos): uno es esposo de mi amiga y el otro el mejor amigo de él.

Resulta que, si bien es cierto las meseras son muy bonitas, eso no les da el derecho de sobreactuar su amabilidad bordeando en falta de respeto rotundo.

El trato con los dos ingleses era como si fueran el mismo príncipe William y el trato con las mujeres de la mesa fue de la patada: fueron irrespetuosas y altaneras.

Por otro lado, esa noche opté por no tomar licor y pedí una “gin” light.

En el menú dice que las gaseosas cuestan ¢1.700 y, para mi sorpresa, al llegar la cuenta de mis dos “gin” light (las cuales venían en botella) me topé con que el gran total era ¢5.800.

Pueden imaginar mi susto. Yo muy amablemente me levanté a revisar bien (ya que de paso, advierto, les es imposible hacer cuentas separadas) y me indicaron que la mesera no me informó que el precio de la botella de “gin” era más caro y que aún así lo iba a tener que pagar.

Pagué la cuenta y juré no volver, cuando de camino a mi casa me llamó la amiga con quien estuve y me dijo que les estaban tratando de cobrar un pichel de cerveza adicional.

A ver señoritas, ustedes pueden verse muy lindas, pero no por eso pueden permitirse ligarse a los clientes, dar mal servicio a las mujeres y, tras de todo, no saber informar bien al cliente y llevar la cuenta correctamente.