Consumidora narra trato irrespetuoso contra su mamá en Musmanni de Guadalupe

Por Saruhen Vindas Leitón

Como es costumbre, desde hace más de 8 años, todos los días al salir de su trabajo mi madre pasa a comprar el pan de la tarde en la Musmanni del centro de Guadalupe.
Hace varios días, cuando ingresó a dicha panadería, le hizo la consulta al panadero sobre cuánto tiempo faltaba para que saliera el pan fresco y caliente.
El panadero respondió muy amablemente que en cinco minutos y mi mamá se sentó a esperar.
Para su sorpresa, en un tono nada amable, la cajera le preguntó: “¿Y usted que está esperando?”.
Y ella le respondió: “el pan fresco”. La cajera se enojó y le gritó al panadero que él no era nadie para decirle a la gente cuánto tiempo le falta al pan fresco.
Cuando mi madre le pidió el producto, la mujer le contestó: “Ahora se tiene que esperar, ¿o no ve que estoy ocupada?”.
La mujer la hizo esperar más de 20 minutos de pie y le entregó el pan hasta que le dio la gana y en una bolsa donde la mitad del producto quedaba por fuera.

Cuando mi mamá le pidió una bolsa más grande, le gritó y le dijo que no tenía. Mi mamá le volvió a pedir la bolsa y esta insolente mujer le tiró una bolsa más grande en el mostrador.
Me llena de ira el saber cómo estas personas abusan y maltratan a un cliente, hubiera deseado estar ahí en ese momento, el cuento habría sido otro.
¿Será que no se dan cuenta que en estos tiempos hay muchas opciones en el mercado? Si estos negocios crecen y se mantienen es por el cliente.
Obviamente hemos llamado en varias ocasiones para poner la queja y nunca contestan.
Por lo menos, en nuestro caso, perdieron como cliente no solo a mi madre, sino a todas aquellas personas que estamos a su alrededor.