Transgénicos: Al parecer no tenemos derecho a saber lo que estamos consumiendo

El cultivo de alimentos transgénicos está aumentando en el mundo pese a dudas sobre posibles efectos, originadas en la ausencia de mayores estudios que descarten consecuencias negativas. Aunque en Costa Rica hay más de 1.700 hectáreas de cultivo experimental (no para consumo), se podrían estar importando alimentos transgénicos o hechos con tales ingredientes.

Las autoridades nacionales de salud admiten que la identificación es compleja y organizaciones de consumidores en el mundo reclaman que se informe a los consumidores qué productos están en esa categoría. En este post, Róger Corrales, defensor de los consumidores de la Federación Nacional de Asociaciones de Consumidores y Usuarios (FENASCO), explica por qué solicitó al gobierno investigar la situación y ordenar el etiquetado de estos alimentos. El gobierno analiza la petición.

Por Róger Corrales, Federación Nacional de Asociaciones de Consumidores y Usuarios.

Los transgénicos son nuevas especies vegetales y animales creadas en laboratorio usando una técnica que permite insertar un gen de una bacteria, una planta o un animal. Es como “cortar y pegar” un gen para crear una nueva especie.

Esto se hace para intercambiar características entre especies que naturalmente no pueden cruzarse; por ejemplo, hay maíz con genes de bacterias y fresas con genes de peces. Por eso algunos los llaman alimentos “Frankestein”, nombre muy apropiado si se considera que los transgénicos más nuevos se hacen con genes humanos, es el caso de una variedad de arroz e incluso de unas vacas que producen, según una noticia reciente, leche equivalente a la de una madre humana.

Desde 1997, por medio de la Ley de Protección Fitosanitaria se estableció que los alimentos transgénicos pueden ser peligrosos para el ambiente y la salud humana, de tal manera que su uso agrícola sin autorización estatal es prohibido y la misma ley sanciona con pena de prisión el daño a la agricultura por medio del uso de transgénicos.

Aunque no hay evidencia científica sobre los efectos del consumo a largo plazo, existe evidencia científica sobre algunos transgénicos responsables de alergias, resistencia a antibióticos y la disminución de la esperanza de vida y posible daño al sistema inmunológico en ratones de laboratorio alimentados con soya o maíz transgénicos.

Es decir, los riesgos para la salud humana en muchos casos son desconocidos e impredecibles y, pese a ello, los transgénicos son producidos por grandes transnacionales los producen (Monsanto, Syngenta -antes Novartis-, Dupont -al que pertenece Híbridos Pioneer-, Bayer Crop Science y Dow), como si hubiera certeza de que son seguros e inofensivos. Lo razonable sería aplicar el principio precautorio (abstinencia) sobre su uso y consumo, mientras no se hayan realizado estudios específicos sobre su seguridad e inocuidad (inofensivos para la salud humana).

Aunque no se cultivan en Costa Rica, debido a la globalización y el libre comercio estos alimentos pueden estar disponibles en el mercado como productos importados envasados o frescos, cuyos países de origen realizan de forma común agricultura  y ganadería transgénicas. Esto significa que los consumidores podríamos estar adquiriendo en forma cotidiana alimentos transgénicos sin que se nos revele esa condición (en el etiquetado u otros medios de información) para que podamos ejercer nuestro derecho de elección.

En el marco de la firma del Convenio de Cooperación entre el IICA y los Ministerios de Economía, Salud y Agricultura, solicitamos a las tres ministras realizar una investigación sobre la condición transgénica de las materias primas para la industria alimentaria y alimentos importados, así como emitir un reglamento que regule la información a los consumidores.

La “Lista de Sospecha Transgénica” señala la presencia en el mercado nacional de más de 100 productos importados y nacionales hechos con materias primas que podrían estar elaboradas con ingredientes de origen transgénico. Algunos son productos frescos. Se destacan los productos a base de soya, principalmente el popular aceite de soya y el maíz con el que se elaboran las tortillas y los famosos snacks (tostaditos para picar) que consumen los niños en pulperías y se usan en las fiestas.

Otros alimentos que pueden contener o son transgénicos incluyen avena, cebada, cacao, canola, leche de vaca, linaza, oliva, remolacha, trigo, tomate, papa, zanahoria, piña, uva. Esto significa que derivados como el pan, las galletas, los cereales de desayuno, las salsas, las malteadas, los chocolates, las cervezas, aceites y margarinas, los jugos de verduras, las papas a granel y la piña y cocteles de frutas enlatados podrían ser transgénicos.

La distribución de alimentos transgénicos sin suficiente información al público afectan gravemente los Derechos de los Consumidores. Es una violación al derecho a la información, base para poder ejercer el derecho a la libertad de elección y, principalmente, nuestros derechos la salud y la seguridad. La falta de información nos empuja a asumir riesgos para nuestra salud y de nuestros hijos sobre los que no se nos advierte ni se nos da oportunidad de elegir.

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