Queja de cliente recibió rifle y chaleco antibalas como respuesta…todo por amarrar el perro (literalmente)

Perro amarrado

Esta es una de las escenas más comunes del mundo. Cientos, probablemente miles, de dueños de perros en el mundo rutinariamente los amarran afuera del restaurante, el supermercado o el banco mientras hacen una compra o trámite.

En el BAC San José, sin embargo, amarrar el perro -y no me refiero a “amarrar el perro”- es un asunto de rifle y chaleco antibalas, según el caso que el lector Pablo Luna cuenta hoy en QuienPagaManda.com

El incidente revela la preparación tan rústica que reciben algunos empleados y el poco respeto que se le tiene a quienes aspiran a un servicio al cliente ligeramente más sofisticado.

La historia de Pablo:

“El guarda de la sucursal del BAC de Novacentro se portó ayer nueve de junio de 2010 entre 6:00 y 7:00 p.m. como un matón paramilitar.

Voy con mi ‘peligroso’ perro pequinés maltés y me dice que no puedo entrar. Entonces lo iba a amarrar a la puerta (del lado de afuera) y se puso a forcejear para impedirlo, y luego llama a un guarda con chaleco antibalas y rifle, por lo que me fui MUY molesto.

Pero como tenía que hacer la vuelta, a regañadientes y con fastidio, regresé sin el perro, molesto, y le dije al guardia del chaleco que estaban manejando mal la situación. Se puso frente a mí a sacar pecho, y luego al otro guardia le dije que él no había recibido capacitación en servicio al cliente por la manera de manejar las cosas, y se puso a reportar por radio como si fuera un “cliente dando problemas”. Finalmente, metió a la sucursal al del chaleco antibalas.

El guardia me pedía que me callara. ¿Acaso un cliente molesto no tiene derecho a hablar?

¿Saben cómo se siente eso? Se siente como intimidación, acoso psicológico, porque si revisan la cámara verán que andaba en camiseta, jeans y una suéter abierta, así que el peligro que yo representaba era aún menor que el de mi perro enano, como para que me pongan un guarda con rifle y chaleco antibalas. Fueron un claro ejemplo de matonismo, donde parece que se cree gran cosa por tener un arma, pero desafortunadamente yo no juego esos juegos psicológicos.

Exigí que trajeran al gerente de sucursal y no lo hicieron, exigí una disculpa y no la dieron. Entonces me quejo aquí, porque la pluma tiene más poder que la espada, y no hay chalecos antibalas que protejan contra las palabras indignadas de un cliente del BAC San José.

Si va al BAC San José, y le tratan a usted como me trataron a mí, los guardias le tratarán a usted como si fueran de la dictadura paramilitar de un banco, y usted fuera ciudadano de segunda clase. Yo espero que el banco haga que los guardas se disculpen, y luego que los manden a otra sucursal, porque después de la disculpa no quiero volver a verlos.

Estoy sumamente molesto, indignado, y me hierve la sangre con sólo recordar el episodio que creí impensable en un país como Costa Rica. La próxima vez, si no les gusta lo que digo, pueden invitar Steven Seagal, y a Chuck Norris, que igual no me impresionan con sus matonismos.

Y conste que no soy un melenudo, ni un camiseta negra, ni uso tatuajes, como para que me traten como a un reo y se pongan a callarme cuando ELLOS fueron los acosadores.

Simplemente se creen que pueden darles órdenes a los clientes y sacar pecho por la ventaja armamentista. Lo único que les faltó fue gritar “¡¡Sieg Heil!! ¡¡Sieg Heil, mein Führer!!”