El Pulso Entre los Banqueros y los Burros de Carga

Hace ya buen rato que no escuchaba algo tan increíblemente cínico y tenía que venir de un banquero.

A raíz del nuevo reglamento de tarjetas de crédito, leí por ahí a un banquero quejándose de que ya no se les permite incurrir en el acoso de terceros para cobrarle a los deudores morosos.

Según la lógica del señor, uno de los problemas del reglamento es que “un moroso suele esconderse, y, si no se le puede localizar por medio de terceros, no se le puede cobrar.”

Es decir, según la visión de mundo del estimable banquero, los terceros, entiéndase familiares, amigos, socios, jefes, etc. de un deudor moroso, no son ciudadanos o seres humanos libres, sino fichas que deben estar siempre disponibles al llamado de los banqueros para ir a hacerles el trabajo y, encima de todo, de gratis.

Funciona así: El banquero lo llama, una o 50 veces (no importa cuántas, de todas formas antes del reglamento cada llamada se cargaba por hasta $20 a la cuenta al deudor), y el tercero tiene que dejar sus ocupaciones para convertirse en mensajero o misceláneo y andar llevando mensajitos.

¿Y si el tercero no quiere que su teléfono ni su tiempo sean utilizados como mensajería pública ? ¿Y si le incomoda ser portador de malas noticias o inmiscuirse en situaciones desagradables que no le competen? O peor aún, ¿si el tercero ni siquiera conoce al deudor y los banqueros lo siguen llamando porque neuróticamente creen que está escondiendo al deudor?

No importa. Según la lógica del banquero costarricense, si no se les permite imponerle tan poco glamorosa ocupación a terceros, los fondos -que a fin de cuentas provenienen de los ahorrantes- no pueden cobrarse y “se corre el riesgo de desestabilizar al sistema financiero como un todo”.

Llama la atención que al señor, tan preocupado por los fondos de los ahorrantes, no le pasen por la mente otras soluciones, como por ejemplo ¡tener más cuidado al elegir a quién darle una tarjeta y con qué límite! antes de andar repartiendo tarjetas a lo loco. Ya varios banqueros han reconocido que los emisores hicieron una repartición masiva de tarjetas de crédito sin evaluar la capacidad de pago de los clientes.

Claro, uno entiende. Cuando a los deudores se les cobran intereses de casi 50% es comprensible que le quieran dar tarjetas a quien sea, pero entonces que después no anden agarrando de mensajeros a terceros que no tienen nada que ver en el negocio. Los que ponen en riesgo los fondos de los ahorrantes son los banqueros, y los que tienen que resolver el problema son ellos con el deudor. Nadie más.

Lamentablemente, según comentó Erick Ulate, presidente de Consumidores de Costa Rica, lejos de asumir su responsabilidad, la reacción de los banqueros ha sido: 1) Presionar al Gobierno para que quitara al ministro de Economía, Eduardo Sibaja, simplemente por hacer su trabajo al crear el reglamento, y 2) Preparar una estrategia legal y política para traerse abajo el nuevo reglamento.

Una pequeña sugerencia para estos señores: Ahora que los burros de carga gratuitos -digo, los terceros- ya no están a su disposición, sería un buen momento para que agarren parte de los altos intereses que cobran y los dediquen a aprender un par de cosas básicas del negocio de las tarjetas de crédito: Saber identificar a quién darle una tarjeta y saber cobrar.