“¡QUÉ MAE MÁS NECIO. CÓBRELE BIEN CARO, PARA QUE JALE CON ESE JARRO!”

Marny Solano es una de esas personas enamoradas de su carro viejito y no está dispuesto a deshacerse de él: Un Mercedes Benz 300D Turbo del año 1987.

En abril, decidió restaurarlo y pensó que lo mejor era llevarlo a la agencia, Autos¡tar. Según comentó en el blog Quienpagamanda.com, todo empezó bien, pero a las dos semanas de estar en el taller faltaba una cotización.

Pasaban los días y nada. Los correos electrónicos iban y venían entre Marny y dos empleados de Autostar. Que ya casi está, que el encargado está en una capacitación, que falta un dato…y nada.

El 22 de abril Marny envió otro correo y le respondieron que en el transcurso de la mañana se le estaría enviando la cotización. A las 8 p.m. de ese día, Marny envió otro correo más: “Aún en espera…”

Al día siguiente, recibió una respuesta, aunque no exactamente la que estaba esperando: “¡Qué mae más necio, cóbrele bien caro para que jale con ese jarro!” le escribió uno de los empleados al otro, con tan mal tino que le envió el correo al cliente.

Quien escribió el mensaje fue ni más ni menos que un miembro del departamento de servicio de la agencia.

La lógica indica que la idea de copiar a un encargado de servicio en un correo es que intervenga para garantizar el cumplimiento de los estándares de atención de la empresa, pero en este caso obviamente hay que aplicar la vieja y conocida frase “mejor no me defiendas”.

La lógica también indica que una agencia como Autostar debería distinguirse por una atención de lujo y promocionar el valor de sus marcas, pero al parecer necesita que un cliente venga a recordárselo.

“Junto con la reparación de mi auto, estoy pagando también por un buen servicio, tanto de los mecánicos como de los encargados de servicio… Realmente me indigna que en la propia concesionaria no se entienda el valor de un Mercedes Benz, más allá de su precio”, comentó Marny.

La lógica también dice que las agencias de autos suelen ser más caras porque utilizan los mejores repuestos, pero este incidente realmente le abre las puertas a la imaginación de cualquier consumidor sobre cómo es que se fijan los precios en algunos casos.

Para cerrar con broche de oro, Marny asegura que cuando retiró el vehículo, le encontró daños que no tenía antes. Estos fueron reparados sin costo adicional; además, recibió un descuento de 10% y una disculpa por el incidente del correo.

Claramente, el caso parece sacado de la lista de pecados capitales del servicio al cliente y, en lo que a Marny y su “jarro” se refiere, no hay perdón que valga.